Hay una escena en El Resplandor mítica.
Ya sabes.
Jack Nicholson.
Un hacha.
Una puerta.
Y esa cara de terror de la pobre Wendy.
Antes de dedicarnos a esto, nosotros también cortábamos el queso como el tío Jack.
A hachazos.
Luego aprendimos que hay varias formas correctas de cortar los quesos según el tipo, pero todas tienen algo en común:
Un buen corte reparte, en el mismo trocito, corteza y pasta de manera equilibrada.
Un mal corte te da todo corteza o todo interior.
Y eso no mola nada.
Unos consejillos:
Los quesos redondos bajos — como el Camembert, St. Felicien — se cortan como una tarta. En cuñas desde el centro hacia el borde.
Los cilíndricos altos — como el Afuega'l Pitu o un rulo — en rodajas o en medias lunas. Limpias. Con una lira siempre.
Las ruedas grandes — como el Comté — en bastoncitos, palitos o como quieras llamarlos.
Los quesos azules — Cabrales, Bleu des Causses — con cuchillo de pasta blanda o lira. Si usas un cuchillo cebollero se te pega todo. Arrrrgg. No te compliques. Cuñas entera y a untar.
Los grandes curados y los añejos — el Parmigiano, un Manchego añejísimo, un Gouda de 3 años, los extraduros no se cortan con radial. Se rompen con un cuchillo de punta o punzón. Golpe seco. Trozo irregular. Y pa dentro.
Y recuerda limpiar el instrumental entre queso y queso.
Que los sabores no se mezclen.
Eso también lo hacía Jack Nicholson con el hacha.
Chalao pero limpito.
Te dejamos una buena selección para practicar, aquí.
Y unas imágenes que valen más que mil palabras.


