Anchoas, gildas y boquerones
Si eres de nuestro equipo, este apartado te hará muy feliz.
Maravillosas gildas.
Boquerones en su punto justo de vinagre.
Anchoas carnosas y limpias.
Todo del Mar Cantábrico.
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Maravillosas gildas.
Boquerones en su punto justo de vinagre.
Anchoas carnosas y limpias.
Todo del Mar Cantábrico.
Anchoas del Cantábrico Pujadó Solano 10/12 lomos
Anchoas del Cantábrico Pujadó Solano 7/8 lomos
Son el mismo pescado. El bocarte, Engraulis encrasicholus, capturado en el Cantábrico en costera de primavera. Lo que los diferencia es el proceso.
La anchoa se sala y se cura durante meses. Ese proceso de maduración lenta es el que le da la carne oscura, el sabor intenso y profundo, y esa textura densa y grasa que la hace tan especial. Es un proceso largo: mínimo varios meses, a veces más de un año.
El boquerón se macera en vinagre. El ácido del vinagre es el que cocina el pescado, por así decirlo, y el que le da esa carne blanca, esa textura más suave y fresca y ese sabor más ligero y ligeramente ácido. El proceso es mucho más corto.
En resumen: misma materia prima, procesos opuestos, resultados completamente distintos. La anchoa es intensa y curada. El boquerón es fresco y ácido. Y los dos merecen su momento vermú.
Un palillo con tres ingredientes ensartados: anchoa del Cantábrico, aceituna y piparra. Nada más.
Nació en San Sebastián, en el bar Vallés, a mediados del siglo XX. El nombre viene de la película de Rita Hayworth: porque era picante, salada y con mucho carácter. Como la actriz.
La clave está en el equilibrio entre los tres ingredientes. La anchoa aporta el sabor intenso y salado, la piparra el punto picante y ácido, y la aceituna redondea y suaviza.
La costera es la temporada de pesca del bocarte en el Cantábrico. Ocurre en primavera, entre los meses de marzo y junio aproximadamente, cuando el bocarte regresa a las costas cántabras para desovar.
El bocarte no vive todo el año en el Cantábrico. Durante el otoño e invierno migra hacia aguas más frías del Atlántico norte, donde se alimenta y engorda. En primavera, cuando las temperaturas suben, los bancos vuelven hacia el sur cruzando el Golfo de Vizcaya en dirección a las costas del mar Cantábrico para reproducirse. Es en ese viaje de vuelta, cuando el pescado llega cargado de grasa y en su mejor condición física, cuando los barcos salen a buscarlo.
Esas semanas son todo. Cuando acaba la costera, se acabó hasta el año siguiente. Por eso las conserveras de Santoña, Laredo o Bermeo trabajan contrarreloj: todo el bocarte que van a procesar durante el año entra en fábrica en ese período.
El proceso empieza nada más llegar el pescado al puerto. Se selecciona, se limpia, se sala y se apila en barriles donde madura durante meses, a veces más de un año, antes de ser fileteado y envasado. Esa maduración lenta es la que transforma el bocarte fresco en la anchoa curada intensa y profunda que conocemos.
Cuando una conserva pone "anchoa de costera" o "pescado capturado en primavera", significa exactamente eso: bocarte en su momento óptimo, recién llegado de las aguas frías del Atlántico y en el mejor punto de su ciclo. No es un detalle menor. Es la diferencia entre una anchoa buena y una anchoa extraordinaria.
O una historia de amor la mar de salada.
Puedes leerla aquí.