Anchoas, gildas y boquerones

Si eres de nuestro equipo, este apartado te hará muy feliz.

Maravillosas gildas.

Boquerones en su punto justo de vinagre.

Anchoas carnosas y limpias.

Todo del Mar Cantábrico.

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Cosas que merece la pena saber

¿En qué se diferencia una anchoa de un boquerón

Son el mismo pescado. El bocarte, Engraulis encrasicholus, capturado en el Cantábrico en costera de primavera. Lo que los diferencia es el proceso.

La anchoa se sala y se cura durante meses. Ese proceso de maduración lenta es el que le da la carne oscura, el sabor intenso y profundo, y esa textura densa y grasa que la hace tan especial. Es un proceso largo: mínimo varios meses, a veces más de un año.

El boquerón se macera en vinagre. El ácido del vinagre es el que cocina el pescado, por así decirlo, y el que le da esa carne blanca, esa textura más suave y fresca y ese sabor más ligero y ligeramente ácido. El proceso es mucho más corto.

En resumen: misma materia prima, procesos opuestos, resultados completamente distintos. La anchoa es intensa y curada. El boquerón es fresco y ácido. Y los dos merecen su momento vermú.

La gilda, el aperitivo perfecto

Un palillo con tres ingredientes ensartados: anchoa del Cantábrico, aceituna y piparra. Nada más.

Nació en San Sebastián, en el bar Vallés, a mediados del siglo XX. El nombre viene de la película de Rita Hayworth: porque era picante, salada y con mucho carácter. Como la actriz.

La clave está en el equilibrio entre los tres ingredientes. La anchoa aporta el sabor intenso y salado, la piparra el punto picante y ácido, y la aceituna redondea y suaviza.

La clave de todo la tiene la costera

La costera es la temporada de pesca del bocarte en el Cantábrico. Ocurre en primavera, entre los meses de marzo y junio aproximadamente, cuando el bocarte regresa a las costas cántabras para desovar.

El bocarte no vive todo el año en el Cantábrico. Durante el otoño e invierno migra hacia aguas más frías del Atlántico norte, donde se alimenta y engorda. En primavera, cuando las temperaturas suben, los bancos vuelven hacia el sur cruzando el Golfo de Vizcaya en dirección a las costas del mar Cantábrico para reproducirse. Es en ese viaje de vuelta, cuando el pescado llega cargado de grasa y en su mejor condición física, cuando los barcos salen a buscarlo.

Esas semanas son todo. Cuando acaba la costera, se acabó hasta el año siguiente. Por eso las conserveras de Santoña, Laredo o Bermeo trabajan contrarreloj: todo el bocarte que van a procesar durante el año entra en fábrica en ese período.

El proceso empieza nada más llegar el pescado al puerto. Se selecciona, se limpia, se sala y se apila en barriles donde madura durante meses, a veces más de un año, antes de ser fileteado y envasado. Esa maduración lenta es la que transforma el bocarte fresco en la anchoa curada intensa y profunda que conocemos.

Cuando una conserva pone "anchoa de costera" o "pescado capturado en primavera", significa exactamente eso: bocarte en su momento óptimo, recién llegado de las aguas frías del Atlántico y en el mejor punto de su ciclo. No es un detalle menor. Es la diferencia entre una anchoa buena y una anchoa extraordinaria.

Donde hay pelo, no hay alegría

O una historia de amor la mar de salada.

Puedes leerla aquí.