Lo que Henry no vio venir

Lo que Henry no vio venir

Henry Sugar no era precisamente un tipo dulce.

 

 

Era rico, arrogante, y lo único que le interesaba era ganar. A las cartas, al azar y a la vida.

 

 

Un día encontró un informe médico que hablaba de un hombre capaz de ver sin usar los ojos.

 

 

Un faquir que, tras años de entrenamiento, había desarrollado una visión interna tan precisa que podía leer una carta boca abajo con los párpados cerrados.

 

 

Henry pensó: “Si aprendo eso, puedo forrarme en el casino.”

 

 

Spoiler: lo consiguió.

 

 

Pero lo que no esperaba es que, cuanto más afinaba su visión interior, más claro veía otras cosas.

 

La tristeza de los demás.

 

La miseria de los niños.

 

Su propia soledad.

 

Y así, el jugador que había entrado en el juego para arrasar, acabó usando sus poderes para ayudar.

 

Para cambiar. Para ser menos Henry y un poco más humano.

 

Esta historia no es nuestra. Es de Roald Dahl, el de “Charlie y la fábrica de chocolate”.

 

Porque Dahl no solo escribió para niños. También sabía lanzar cuchillos dulces a los adultos.

 

 

Y ya que estamos con historias que terminan bien (y con algo de azúcar), tenemos un rincón en nuestra tienda muy goloso:

 

. Galletas de mantequilla crujientes por fuera pero tiernas por dentro de Isabel Kukis.

 

. Todo lo de Migaya: Chaponas, Rocas y Nougatines.

 

. Rosquillas fritas. 

 

Y alguna que otra sorpresa más aquí.

 

 

No necesitarás ver sin ojos para encontrarlas.

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