Kikiricoop se autodefine como cooperativa neopaisana. Lo que significa es que la forman personas que decidieron dejar atrás lo que estaban haciendo y volver al mundo rural para vivir y trabajar de forma sostenible.
Se instalaron en Cabranes, Asturias, y crearon Asturcilla con una idea muy concreta: hacer una crema de cacao y avellanas como tiene que ser, con los ingredientes que tiene que llevar y en las proporciones que tiene que tener.
El resultado no se parece a ninguna crema industrial.
Los ingredientes están en la etiqueta con total claridad y en el orden correcto: leche ecológica de la granja La Roza en Nava, 32%. La granja tiene 21 vacas que pastan en 14 hectáreas libres de transgénicos y pesticidas, sin hormonas ni medicamentos estimulantes.
Avellanas ecológicas, 25%, de variedades locales asturianas: Amandi, Espinareu, Casina y Grandona, recogidas por pequeños productores de Piloña y Grao. Azúcar panela de Comercio Justo, 25%, obtenida de la evaporación natural del jugo de caña sin procesado posterior.
Aceite de girasol ecológico, 12%.
Y cacao ecológico de Comercio Justo, 6%.
Seis ingredientes. Todos con origen conocido. Ninguno de relleno.
El resultado en el tarro es una crema de color marrón muy oscuro, aroma intenso a avellana tostada y cacao, textura untuosa con pequeños trozos de avellana que aportan ese punto crujiente que la hace diferente.
En boca manda la avellana, con el cacao como fondo que la acompaña sin taparla. Nada que ver con las cremas industriales donde el azúcar y la grasa son los protagonistas y la avellana es el invitado que apenas se nota.
Para la tostada del desayuno, para la merienda sobre pan de calidad, para acompañar el queso fresco, para untarla sobre una regañá o para comérsela directamente con cuchara sin más. Que también es perfectamente válido.